jueves, 9 de enero de 2014

A MODO DE INTRODUCCION

Creo que cuando se inicia un blog debería decirse cuáles serán sus objetivos, sus contenidos y sus antecedentes aunque luego con el tiempo las cosas puedan ir derivando hacia otros temas más o menos conexos. Vamos pues a ello.

- Objetivo. Bastante simple, exponer mis conocimientos, mis filias y mis fobias sobre un tema; los recortables, sujeto que posiblemente ya esté recogido en otras muchas páginas pero que, con la presunción de los principiantes, uno siempre cree que va a poder aportar algo e incluso que va a ser el mejor del mundo. Y efectivamente es difícil que lo sea pero si no lo consigo no va a ser por falta de ganas o de dedicación.

- Contenido. Todo lo relativo a recortables relacionados con el mundo del tren eléctrico en miniatura y más concretamente, aunque no siempre, lo relacionado con la escala N (1/160) que es la de los trenes que yo poseo. Es decir habrá estaciones, casetas de enclavamiento, retretes, almacenes, muelles, pasos, túneles, puentes y toda la parafernalia que rodea a las vías. Además, como las estaciones suelen estar integradas en las ciudades y pueblos también habrá edificios, casitas, alguna iglesia, kioskos y otros elementos que contribuyan a dar un aspecto real a cualquier maqueta. Pero de todas formas quiero aclarar que esto no va ser una página de enlaces, aunque alguno habrá, sino que más bien estará centrada en mis propias realizaciones o en aquellas ajenas que, por algún que otro motivo, me hayan podido interesar.

- Antecedentes. Aquí la memoria es confusa y con caracteres de nebulosa lejana pues mi primer contacto con un recortable debió ocurrir cuando tenía 5 ó 6 años y ya no queda nadie que pueda propotijeras de punta roma “son para que no te pinches” oí decir a mi madre, un tubo de pegamín y una lámina con soldados para recortar. Todo ello lo compramos en la papelería Alba que estaba en la calle del Pacífico entre Abtao y Juan de Urbieta y posiblemente el objetivo de mi madre era que estuviera entretenido y no diera la lata. Y efectivamente dio resultado pues me pasaba horas tumbado en el suelo del salón cortando y cortando figuritas.



A este mi primer recortable siguieron otros. Yo iba con mi madre y si estábamos cerca de la papelería le decía que por que no me compraba uno. Supongo que dependiendo de cómo me hubiera como. Y así conseguí más soldados, casitas, estaciones, molinos, iglesias que armaba con mejor o peor maña dependiendo de su complejidad. 

Pero esa época infantil terminó. Pronto empecé a ir a la escuela, a estar cada vez más en la calle con los amigos, después el Bachillerato, la Universidad, la novia, el primer trabajo, los hijos que fueron viniendo, el poco tiempo que quedaba en los días de labor y las mil y una cosa que había que hacer el fin de semana. ¡Vamos, que uno no estaba para recortables! Sin embargo el gusanillo no parecía haberse muerto del todo pues cuando veía alguno siempre me quedaba pensando en si comprarlo o no, aunque la verdad es que siempre fue que no.

De: aprende a jugar.com

Pero el tiempo pasa inexorable, y además con una velocidad asombrosa, tanto que casi sin darse cuenta uno se encuentra jubilado con casi todo el día disponible para hacer lo que venga en gana. Vamos, que descontando las ocho horas para dormir, el tiempo para comer y lo que lleva bajar a por la barra de pan quedan al día unas catorce horas de libre disposición excepto cuando hay que ir a visitar al médico cosa corriente en personas de edad. Es decir, mucho más tiempo que el dedicado normalmente a una jornada laboral.

¿Y qué es lo que se puede hacer con todo ese tiempo libre? Bueno, pues de todo según gustos, preparación y apetencias. Yo me marcho de viaje cuando puedo, voy al cine y a conciertos, veo exposiciones, quedo para comer con los amigos, etc. y… además construyo y diseño recortables.

Y esta nueva afición recomenzó cuando un día encontré el viejo tren eléctrico guardado en el altillo de un armario; un Ibertrén de los años 70, que me regaló por reyes la que entonces era mi novia y hoy continúa siendo mi mujer. En total había tres locomotoras, bastantes vagones y un sinfín de vías. Llevé las máquinas a poner a punto y monté un circuito bastante grande en el garaje. No es que fuera una maravilla, pues simplemente eran unas vías montadas sobre un tablero de aglomerado, pero cuando mis nietos lo vieron funcionar se les iluminó la cara y siempre que venían por casa decían que querían ver “el tren del Abuelo”. Y entonces cuando pensé que habría que añadir algo de decoración me acorde de los recortables y me puse a buscar algo en Internet. ¡Y había, y mucho! Unos buenos y otros horribles, unos gratuitos y otros de pago, pero haber había. Me baje lo que me interesó, los construí y el gusanillo resucitó con mucha fuerza y vino a decirme “Seguro que tú puedes”. Y en eso estamos, en construir una maqueta decente y en diseñar recortables.

2 comentarios :

Alfredo Corral dijo...

Saludos de Buenos Aires.
Te felicito por el blog.
Por su prolijidad y esmero en presentar los recortables.
Y los downloads.
Por la nostalgia y la empatía con infancias
rodeadas de papeles y tijeras.

Cordialmente,
Alfredo Corral

Jubilata dijo...

Hola Alfredo, un saludo desde este lado del Atlántico.

Muchas gracias por tus comentarios.

Y me alegro que te guste este Blog y te ayude a volver a ser el niño que nunca debimos de dejar de ser.

Un cordial saludo